sábado, 19 de noviembre de 2011

¿Mamá, por qué estamos vivos?

Hoy, cuando viajaba de valparaíso a santiago, de pronto el bus se detuvo abruptamente, la gente se levantó y miró a un costado,  al frente habían unos cables colgando balanceándose.
No fué hasta unos segundos después que miré y me dí cuenta de la situación: un camión había chocado a un poste a mi derecha, y junto a eso a una pasarela junto a él, que terminó quebrada y el poste balanceándose.
No logré entender cómo llegó el camión allí, ya que más a la derecha había una acequia y el camión estaba en dirección contraria al bus. No fue sino hasta que alguien dijo algo estremecedor: El camión en cuestión venía en dirección contraria por la pista de la izquierda, se había salido, atravesado la barrera de contención, pasado al frente de nosotros y chocado al poste.
Nuestro bus quedó en primera fila. Algunos aprovechamos de sacar fotos. Una señora gritaba desesperádamente ¡hay que hacer algo, hay que ayudar!
Resulta estremecedor pensar que unos segundos más adelante y chocábamos contra el camión.

Entre tanta gente ansiosa, nerviosa, apareció la voz más inocente con la pregunta más inocente que he oído en mi vida. La pregunta en cuestión provenía de una niña que decía ¿Mamá, por qué estamos vivos?
Sin duda una pregunta inocente, y sin duda una auténtica pregunta filosófica como diría alberto knox; pero que sin embargo es una pregunta muy peligrosa, ya que la respuesta puede llegar a ser muy dañina.
Los antiguos sin duda se preguntaron ésta pregunta ¿Por qué estamos vivos?, pregunta que nace especialmente ante una situación inesperada, algo que nos desconcierta y nos deja preguntándonos ¿que ocurrió para que estemos vivos? ¿hay una razón más allá de todo esto? Un nihilista diría que no la hay, un ateo diría que es la causalidad, pero un niño, un niño no sabe qué opinar, no tiene respuestas a las preguntas filosóficas; por ello la respuesta equivocada puede llegar a ser letal. Un "Dios nos salvó", o "Dios así lo quiso" puede llegar a atrofiar la mente filosófica de la niña, ya que atrofia el método de pensar, de buscar una respuesta lógica y en vez de eso le lleva a buscar razones vacías, razones al fin y al cabo, pero vacías. Y es que como lo dice un estudio reciente que leí por ahí, nuestro cerebro prefiere las razones vacías a no tener razones. Y es que parece que ser nihilista es anti-natura.
Prefiero pensar que la naturaleza tiene todas las razones, que son finitas, tal como el universo, finito; pero que aún no alcanzamos todas las respuestas a las preguntas. Mal que mal, la naturaleza tiene lógica.
Sin embargo nosotros no tenemos siempre lógica, y en especial en situaciones inesperadas. La naturaleza está basada en las matemáticas, sería ilógico que no sea así, pero ¿que pasa cuando nos alejamos de la lógica? Ahí es cuando somos anti-natura. Y es que el ser humano pareciese estar construido anti-natura, como si fuese el error más grande de la naturaleza.
De todas maneras, esa niña algún día crecerá, y se acostumbrará a no saber "por qué estamos vivos", no se lo va a preguntar nunca más, tal vez porque su madre no le hace caso con esas preguntas, tal vez porque nadie le hace caso a esas preguntas, y es que parece que viviéramos en un mundo de locos anti-natura, donde lo natural es ser indiferente a la naturaleza.
Y es que al parecer cuando nos volvemos más racionales nos volvemos menos lógicos, y tendemos a olvidar esas preguntas que nos hacíamos cuando pequeños, cuando éramos -supuestamente- más irracionales, más "creativos", pero por alguna razón misteriosa, más apegados a la naturaleza y a la lógica que ésta conlleva.

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